¿Qué significan estos cambios?
Para Néstor Rosanía, director del Centro de Estudios en Seguridad y Paz, estas reformas son positivas, pues el hecho de que el Esmad sea una fuerza de último recurso es un cambio trascendental.
“Como analistas sabemos que el Esmad no puede desaparecer, porque todas las policías del mundo necesitan un cuerpo antidisturbios, pero lo que se debe transformar son los protocolos de uso de fuerza, el armamento que están utilizando y la metodología para llegar a utilizar la fuerza”, explica Rosanía.
Frente a la evaluación que está haciendo la Policía de modificar o eliminar el uso de algunas armas, Rosanía considera que es bueno que el nuevo comandante de la institución reconozca que un arma como el Venom, cuando es mal empleada, puede causar la muerte de alguna persona. “Antes la Policía no reconocía que esa arma puede ser letal”, dice.
Por último, y frente al cambio de color de los instrumentos que usa el Esmad, Rosanía dice esto es simbólico y lo que está de fondo es que haya una transformación de los protocolos para aplicar la fuerza. “Esto simbólicamente puede interpretarse como una nueva página de la Policía Antimotines”, manifiesta.
Por su parte, un oficial en retiro de la Policía que trabajó durante 22 años en la institución, parte de ellos en el Esmad, y quien pidió reservar su nombre, opina totalmente lo contrario.
“Estos cambios que se están proponiendo en el Esmad no son nuevos y no los está trayendo el presidente Petro, esto lo hizo Duque el año pasado. Esto se ha hecho siempre”, argumentó.
Frente al cambio de color de algunos elementos, el exagente de la Policía opina que no está de acuerdo porque, según él, a nivel internacional los grupos antidisturbios tienen estos colores.
Sin embargo, a pesar de lo anterior, considera que sí se debe evaluar la continuidad del arma Venom. “Muchas veces no ha sido utilizada de la forma correcta. Una vida vale mucho”, concluyó.
Antecedentes
Esta reforma tiene como antecedente reciente que el Esmad lleva varios años siendo el centro de la controversia en materia de Derechos Humanos, lo que los ha llevado a perder la confianza de un sector de la ciudadanía.
En 2019, por ejemplo, en la primera oleada de manifestaciones en contra del Gobierno del presidente Iván Duque, un proyectil lanzado presuntamente por el capitán de esta institución, Manuel Cubillos, asesinó al joven estudiante Dilan Cruz en el centro de Bogotá. Además, durante esas protestas, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), se presentaron 25 personas heridas y, al menos, 831 casos de retenciones de ciudadanos.
El momento más complejo se presentó en 2021, cuando en medio de las manifestaciones del ‘Paro Nacional’, que duraron dos meses, 29 personas fueron asesinadas, de las cuales 16 ocurrieron en Cali, 5 en otros municipios de Valle del Cauca, 3 en Cundinamarca, 3 en Bogotá y 1 en Popayán e Ibagué, respectivamente.
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