En el maremágnum de información que producimos y recibimos a diario, es menester minimizar las cosas feas, de acuerdo a la situación que vivimos en este mundo, y así mismo, es importante racionalizar e inventariar las buenas cosas que nos producen gozo, alegría, buenos momentos y realizaciones personales. Para contrarrestar y minimizar las malas cosas de acuerdo a la situación que vivimos en nuestro medio, vale la pena acordarse de que lo mejor que podemos hacer es simplificar la vida, andar más ligeros de equipaje y contentos con lo que somos, lo que hacemos y lo que tenemos. No siga perdiendo tiempo y energías comparándose con los demás porque puede terminar enloqueciéndose. No envidies a nadie en ningún campo de la vida, para que puedas vivir saboreando el néctar que Dios le pone a su alcance para nutrirse y asimilar que nadie es más que usted, y usted no es más que nadie. He aquí una lista de recorderis, para que los mantenga presentes, y le permitan llevar una vida más armónica, gustosa y digna de ser vivida por usted:
Acuérdese de sus compromisos consigo mismo, de no meterse en Vacalocas, de ayudar cada vez que pueda, de suplir sus necesidades, de ser solidario, de no meterle zancadillas a nadie, de vivir de verdad y no para vivir muriendo, de no joder tanto, de no montársela a sus subalternos, de no meterse donde no lo llaman, que usted vale mucho más de lo que cree, que usted no es capaz de todo y de no envidiar a nadie.
Lo bueno de acordarse es que nos permitirá recordar a cada rato, que somos mortales y pecadores iguales a todos nuestros congéneres, con defectos y virtudes que no son estáticos sino cambiantes, y que lo importante es tomar conciencia de que podemos cambiar para ser mejores seres humanos cada día, y así ser más útiles a nuestros semejantes, de una manera más humana y humanizante.