Muchos nos preocupamos por cosas inocuas, y muy pocos nos ocupamos de aquellas otras que realmente lo ameritan. Este es un proceder muy común entre los colombianos, primero porque creemos que somos perfectos, que no metemos las patas, y casi no aceptamos culpa alguna por nuestros actos que salen mal o con los cuales la embarramos, y segundo porque tomamos con alguna frecuencia, en son de chiste esas situaciones. Será por esa razón que en las cárceles no cabe tanta gente?
Este proceder es más sobresaliente en muchas mujeres, admítanlo o no. Y esto ocurre por la competencia oculta de no aceptar sus defectos, y pensar que haciéndolo va a mostrar el cobre y a quedar mal ante sus congéneres. Tremendo error, puesto que aceptar defectos, embarradas o fallas es humanizarse, mostrarse como un ser humano común y silvestre, “normalito”, más lindo.
Convénzase que es sanador y gratificante decir por ejemplo: “ Si hermano yo era el que estaba hablando mal de usted”, ya lo que venga después es impredecible y hay que aceptarlo , pero casi que me atrevo a afirmar que ese tipo de conductas valientes, honestas , son bien vistas por la mayoría de interlocutores. A través de la palabra y de cómo movamos la lengua, es que vamos a ser o no ser asertivos en nuestras comunicaciones, de allí que las personas extrovertidas, más comunicativas, son más expresivas y descomplicadas, en cambio, las personas introvertidas son menos expresivas y sus relaciones sociales por ende también.
Yo sé de muchas personas tímidas, calladas que a ratos o en el fondo sufren porque no logran expresar sus sentimientos como lo desean, coartan su libertad, temen al qué dirán, creen que la embarran si dicen tal o cual cosa, es como si de alguna manera estuvieran pidiendo permiso para hablar. Ojo, este tipo de comportamientos se va formando desde la infancia y no le paramos bolas. Si bien es cierto que los temores y la timidez tienen mejora con un buen tratamiento psicológico, que ojalá involucre la familia, lo mejor es que desde la infancia se prevenga, “no dándoles el pescado sino enseñándolos a pescar”.
Otra variable a la que hay que ponerle cuidado, para desterrar, o por lo menos superar los colombianos, es la que está muy explícita en los refranes populares que dicen: “Ojo por ojo, diente por diente” y “el que me la hace, me la paga” . Con esto estamos reflejando el bajo nivel de autoestima que muchos tenemos, y por ende todo lo queremos arreglar a gritos o peleas de solo perdedores. Acá queda claro el canibalismo que tenemos los Colombianos, y que nos coloca en los primeros lugares de violencia en el mundo.
No sigamos buscando culpables ni inocentes, ya es hora de amansar nuestros corazones para dejar salir todo lo bueno y bello que cada uno de nosotros tiene, y con lo que todos podemos sensibilizar, desarmar y ennoblecer al otro que no se ha dado cuenta que a pesar de todo la vida es bella, y la podemos moldear botando a la caneca odios, rabias, envidias y rencores pendejos que lo único que nos han hecho es daño.
Aprovechemos todos esta bella época de navidad y año nuevo para hacer esta tarea, y con seguridad a cada uno nos traerá ganancias en salud y amor, que son los regalos que más desea recibir Dios de nosotros en esta época de navidad y año nuevo.