Estudiados o no estudiados (como dicen en el argot popular) tenemos que tener la aspiración de ser mejores cada día; sí, así de fácil como es y como suena, ser más buena gente, más condescendientes, más legales, más sencillos, y más atrevidos para hacer buenas cosas, nuevas empresas, o hacer algunos ajustes en la personalidad, que me están haciendo daño, o con los cuales le estoy haciendo daño a los demás. Aparte, para meterse en este proceso, vale la pena despojarse cada quien de sus ínfulas de grandeza o sobradez, que muchas veces no nos damos cuenta, o no queremos darnos cuenta del daño que me hago, o el que le hago a mis seres más cercanos.
Para nadie es un secreto que algunas veces escondemos o negamos nuestras falencias o debilidades, creyendo que los que nos rodean son bobos, o no se dan cuenta de ellas; claro que se dan cuenta y a la mayoría ni les importa, pues a lo mejor están más entretenidos en sí mismos y en sus cosas que en lo que digan los demás. En este tipo de reflexiones , lo más importante es la capacidad de aceptación de nuestras miserias y falencias, para no seguir metiéndole mentiras al ser supremo, creyendo que él no se da cuenta de mis antivalores, y de la manera como trato a los demás , con desdén, menosprecio, o creyéndolos inferiores a mí .
Acercarme cada vez más a Dios, o a cualquiera que sean sus creencias acerca de lo superior, es un buen signo de humildad con el que poco a poco podremos ir creciendo y torneando una personalidad más solida y sencilla con la que pueda caber en cualquier parte.
En este momento histórico, donde la desobediencia está reinando, es menester recapacitar para no dejar que el libertinaje pisotee las normas sociales, que por sí mismas no le hacen daño a nadie. A veces es necesario parar y hacer una buena revisión de nuestro día a día, reconectándonos con nosotros mismos, para acomodar prioridades y fomentar hábitos que nos ayuden a disfrutar más de la existencia. No sigamos dejando que el compás que tiene el tiempo y la vida, que sin darnos cuenta nos lleva muchas veces a ir de un lado para otro sin mirar ni observar, y otras veces a un ritmo tan lento que es perjudicial para el desarrollo y para los resultados.
Frecuentemente, es bastante enriquecedor parar de forma consciente, salir de su mente y observar a su alrededor, de forma serena y objetiva para poder generar cambios en los distintos ámbitos de la vida. Ojalá esta terapia la tomemos en serio como un buen hábito. Antes que nada, en este reacondicionamiento, vale la pena que cada quien, se reconecte con cada uno de los campos de la vida, para explorar bien su entorno, y explotar todas sus capacidades y descuidos en ellos, y apreciando como todos están interconectados entre sí, y cómo cuando estamos conectados, nuestro ser integral se hace más coordinado y sólido, para lograr resultados más positivos en nuestro trabajo y en todos los demás campos de la vida, que nos lleve a vivir integralmente una vida más armónica entre todos ellos.