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Editorial
Violencia intrafamiliar
A ese dato de la multiplicación de hechos denunciados hay que ponerle atención y no dejarlo por ahí como un número más.
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La opinión
La Opinión
Lunes, 4 de Noviembre de 2024

Como en los tiempos de la pandemia cuando la violencia intrafamiliar llegó a niveles récord, Cúcuta está viviendo por estos tiempos una epidemia de ese mal.

Que hasta la fecha se hayan presentado 1.626 denuncias relacionadas con casos de intolerancia en el hogar, que equivalen a un 250 por ciento más frente a 2023, es un indicador que obliga a activar las alarmas.

Si a este dato de la Secretaría de Equidad y Género de la Alcaldía le aplicamos el subregistro obviamente que el panorama real es mucho peor que el ya de por sí grave y lamentable que surge de esa estadística oficial.

La violencia doméstica es considerada como un patrón de conducta coercitivo y controlador que puede incluir maltrato emocional, físico, psicológico, así como el abuso sexual y financiero, ejercida por alguien que se cree con derecho a aplicar controles abusivos contra la pareja o los miembros de la familia.

Si en la ciudad estamos frente a tantos casos de esa índole, es urgente actuar desde esos despachos junto con la Defensoría del Pueblo, las comisarías de familia, el Bienestar Familiar, la Fiscalía, la Procuraduría y la Policía.

Esas entidades tienen que avanzar en acciones coordinadas para que las denuncias sean atendidas y resultas efectivamente, evitando la revictimización.

Hay que entenderse que si en este tipo de casos las personas denunciantes no encuentran el respaldo necesario o se sienten burladas cuando acuden a esos lugares a exponer su casos, lógicamente se le estará abriendo la puerta de par en par al subregistro.

Pero igualmente hay que darse la pronta resolución de los hechos, la aplicación de justicia y la protección eficiente de las víctimas, porque nada se solucionará si la mujer violentada o el hijo sometido a golpizas tienen que volver a estar bajo el mismo techo del abusador, en unos casos, y en otros ser hostigados y atacados por el excónyuge y otras personas con vínculos filiales que no residen en el mismo hogar.

A ese dato de la multiplicación de hechos denunciados hay que ponerle atención y no dejarlo por ahí como un número más, porque es un indicador que alerta la posibilidad de situaciones mucho peores que podrían estarse fraguando.

Y un elemento que no se puede tampoco dejar pasar es el de darle un tratamiento de problema de salud pública que es necesario tratar desde el punto de vista psicológico para comprender mejor esos comportamientos violentos en las relaciones interpersonales.

Es bien sabido que las mujeres y los menores de edad son quienes llevan la peor parte en esta clase de hechos, bien sea por agresiones sexuales o ataques contra su vida por la pareja, expareja o familiares cercanos.

La Organización Mundial de la Salud nos da una cifra que enmarca lo delicado del asunto: el 35 por ciento de las mujeres del mundo han sufrido algún tipo de violencia intrafamiliar. O sea que esto no es un juego.

Al ocultarse detrás de esa clase de agresiones las posibilidades de feminicidios, asesinatos, violaciones sexuales y abusos de toda clase, la única opción es actuar para tratar de contener ese mal que nos está indicando que nuestra sociedad está enferma y necesita con urgencia una intervención para que entienda que la convivencia pacífica, en medio de las diferencias, es la única opción para resolución de nuestros problemas y para sacar adelante los proyectos de vida.

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