Cuando los individuos dentro de su Personalidad tienen características tan negativas, que no son capaces ni de valorar las virtudes y talentos de los demás, significa que tampoco pueden reconocer sus ausencias, ni de valorar las virtudes y talentos de los otros, quiere decir que este tipo de gente tiene vacíos de reconocimiento, que le impiden otorgarle los méritos a quienes se lo merecen. Esta es una de las falencias que tenemos muchos seres humanos, con base en las cuales las personas proyectamos una imagen negativa, a veces sin darnos cuenta, y esto no le permite mostrarse de manera genuina en sus relaciones interpersonales, trayéndole sinsabores en sus interacciones laborales, familiares y algunas veces personales, lo cual atenta muchas veces contra la estructura de su personalidad. Reconocer que me equivoco, que a ratos se me olvidan las cosas, que tengo defectos, que le falté en algo a algún amigo, que no cumplí con lo prometido, que engañé a alguien, etc., es algo humano.
¿Será nuestra envidia la que no nos deja expresar sentimientos positivos hacia los demás? ¿hacia quienes se lo merecen? Este es un vacio que tiene mucha gente: ser capaz de reconocer las virtudes y los logros de nuestros semejantes, y esto se le devuelve como un boomerang en el sentido tanto negativo como positivo; cada quien recoge lo que siembra, lo importante es que todos estamos tanto capacitados para recibir el halago, el elogio, la crítica o la reprimenda. Ojalá esto se convirtiera en una cruzada educativa en todo momento y lugar, como algo informal para que desde niños vayamos educándolos de manera no formal, en el reconocimiento, en el dar y el recibir.
Qué bueno que los padres de familia y profesores hiciéramos conciencia y lo lleváramos a la práctica de nuestra vida cotidiana, para que los niños desde temprano se den cuenta que son reconocidos por sus talentos, sus valores y virtudes, lo que redundará en el fortalecimiento de su personalidad a medida que va creciendo. También es sano que a nivel individual reconozcamos las virtudes y logros de nuestros compañeros de trabajo, familiares, amigos, y en general en toda interacción humana que tengamos, le reconozcamos directamente a cada quien, sus cualidades y virtudes con halagos, y refuerzos positivos que no nos cuestan nada y cada vez la vida nos los devolverá con gratitud.
Todos necesitamos ser reconocidos, no es una cuestión de orgullo, egoísmo e inmadurez, el ser humano en sus etapas tempranas necesita el respeto y cariño de todos los que le rodean, ahí es donde queda implícito este recocimiento sincero hacia nuestra persona. Con este acto se pone de manifiesto nuestro valor como individuo: como alguien que es querido y merece ser amado. Se reconocen nuestras virtudes y nuestras capacidades para avanzar y conseguir cosas, para ser feliz con madurez e integridad.
Bajo esta tónica indispensable se halla además la fuerza de esos vínculos de apego que nos dan confianza y que nos ayudan a crecer con seguridad. Nuestra familia, es el primer círculo social encargado de darnos reconocimiento, respeto y cariño. Si tenemos este primer alimento tendremos también el privilegio de la autoestima. Esa con la que podemos ir avanzando emocional, social y personalmente.
Lo que está de moda es el ceder, el complacer y el perdonar.